viernes, 20 de marzo de 2009

ELEGÍA ANDALUZA



La de los cantes de siempre

Andalucía: ¡la fiesta!

La de míseros jornales

Andalucía: ¡la pena!

La que te vendes por nada,

Adnalucía: ¡ramera!

La que muere y resucita

Andalucía: ¡grandeza!


Quiero clavarte un puñal

en el centro de tu esencia,

quiero que derrames sangre,

que se acabe tu leyenda,

quiero que muerdas tu risa

que silencien castañuelas,

quiero decirte llorando

qeu no aguanto tu vergüenza.


¿Dónde tu orgullo de pueblo

dormido con las promesas?

¿Dónde tu estirpe de casta:

dormida, sin garra y quieta?

¿Para qué la blanca y verde

si en tu corazón no ondea?

¿Por dónde los andaluces

que presumen de poetas?


Despierta de este letargo

con que cubren tu miseria.

Despierta de la limosna

que para callar te entregan.

Despierta de la injusticia

con que han regado tu siembra.

Bebe el néctar de tu historia,

despierta, Madre, despierta:


que tus hombre se te mueren

buscando firmas sin fecha,

que a tu hijo Guadalquivir

lo han secuestrado a la fuerza

que tus mujeres se tronchan

por los campos de la siega

que existen niños yunteros

en tus ciudades y aldeas.


Me duele la voz extraña

que de lejos te gobierna.

Me duele que mis hermanos

en su destierro te quieran.

Me duele tu libertad

muerta por cuatro monedas.

Me duele verte de esclava

cuando pudieras ser reina


Perdona si te molesto

cuando canto con soberbia.

Perdona la desnudez

con que muestro mi queja.

Perdona toda palabra

que te suene como ofensa.

Perdona, Madre, perdona

y estrecha mi mano abierta

que deseo verte libre

como gritó a las estrellas

la noche de los infiernos

el Padre de nuestra tierra